25/8/12

Líbano, destino BXVI


Preocupación en la Santa Sede
Líbano, el próximo viaje de Benedicto XVI, un escenario de alto riesgo por la guerra en Siria
El viaje del Papa, del 14 al 16 de septiembre, coincide en la última fecha con el terrible aniversario de la masacre de Sabra y Chatila.
Actualizado 27 agosto 2012 
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Giacomo Galeazzi/ Vatican Insider  
En los dos campos de refugiados para palestinos en la periferia de Beirut, el 16 de septiembre de 1982 milicias falangistas cristianas mataron a alrededor de mil palestinos (el número de víctimas nunca fue verificado por completo).

Así pues, la visita de Benedicto XVI coincide con un aniversario significativo y dramático en la historia de la República Libanesa y de todo el Medio Oriente, un hecho simbólico del conflicto que sacudió a toda zona y que involucró a partidos, grupos étnicos y estados.

Benedicto XVI visitará el país de los cedros en un contexto radicalmente diferente: todo el mundo árabe está viviendo una estación de profunda transformación, marcada por las revueltas de la “Primavera árabe” y, ahora, por el violento conflicto de Siria.

Y justamente este último escenario es el que ha causado algunas preocupaciones durante las últimas semanas entre los responsables de la Santa Sede, por el riesgo de los enfrentamientos entre los libaneses que apoyan el régimen de Bashar al- Assad y los que se le oponen.

En Trípoli (Líbano) todavía hay víctimas por los enfrentamientos entre ambos partidos en lucha. Hace exactamente treinta años fue el ataque a los campos de refugiados como forma de venganza después del asesinato del presidente falangista Bashir Gemayel, asesinado el 14 de septiembre en un atentado.

Poco después, una comisión de investigación del gobierno de Israel reconoció la responsabilidad indirecta del ejército israelí, bajo el mando de Ariel Sharon, que había garantizado una cobertura a las milicias falangistas. Las noticias de la época indicaban 1.100 cadáveres quemados a toda prisa.

Investigaciones posteriores, esta vez palestinas, indicaban 3.500 víctimas, la mayor parte arábigo-palestinas, pero también había algunos libaneses y pocos ciudadanos judíos. El procurador del ejército libanés hablaba, en cambio, de 460 muertos; los servicios de inteligencia israelitas indicaban entre 700 y 800 muertos. En realidad se desconoce el número exacto de víctimas. El Consejo de seguridad de las Naciones Unidas condenó la masacre con la resolución 37/123 del 16 de diciembre de 1982.

Durante los 15 años de la guerra civil labanesa, Juan Pablo II lanzó incontables llamados a la paz y a la reconciliación en los que siempre pedía el fin de la violencia y la asistencia de la comunidad internacional.

Hoy el contexto sigue siendo crítico. A pesar de ello, hasta ahora la Santa Sede no ha cancelado el viaje del Papa a Beirut. El mismo Pontífice en los últimos meses ha pedido muchas veces que la comunidad internacional ayude a los cientos de miles de prófugos de Siria, y también pidió que los que tienen mayores responsabilidades en el conflicto hagan todos los esfuerzos posibles para evitar un baño de sangre.

Mientras tanto, las noticias que llegan desde Siria son cada vez más dramáticas: en Alepo y en Damasco las batallas se recrudecen y los que pagan la cuenta son los civiles, como siempre.

La Cáritas, por su parte, está haciendo todo lo posible para ayudar a los prófugos y a la población civil. «Damasco es una ciudad asfixiada», es el grito de alarma de Rosette Hèchaimè, la responsable local de Cáritas en Medio Oriente.

«Mientras prosigan las violencias –explicó– empeorarán las condiciones de la población y las dificultades para encontrar víveres y medicamentos, que la gente busca por las noches y a escondidas». En cambio, las noticias sobre los desplazados son pocas: se cree que se trata de 2 millones de personas de un total de 20 millones de sirios.

No hay que olvidar que este año se cumplen los treinta años de otro dramático evento que se verificó en Siria, en la ciudad de Hama, en donde el ejército nacional mató en febrero de 1982 entre 25 mil y 50 mil ciudadanos para reprimir las protestas de los Hermanos Musulmanes en contra del régimen de Hafiz al-Assad, padre del actual líder sirio. “L’Osservatore Romano” se ocupó del conflicto sirio que se extiende hacia El Líbano: «En Trípoli, en el Líbano septentrional, en donde desde hace algunos días han vuelto a empezar los enfrentamientos entre el barrio sunita de Bab Al Tabbaneh y el alawita de Jebel Mohsen, han perdido la vida por lo menos doce personas. Desde los primeros días de junio, en la segunda ciudad del país de los cedros murieron quince personas», indicó el periódico vaticano, en un artículo que no hace referencia a la visita de Benedicto XVI.

«En El Líbano, el conflicto sirio ha empeorado la rivalidad entre dos de sus numerosas comunidades, la sunita y la alawita, partidarias respectivamente de los rebeldes y del régimen de Assad. Justamente por este motivo, la Onu lanzó un llamado a la comunidad internacional en el que pidió un mayor compromiso para proteger a El Líbano de la cada vez mayor influencia de la guerra civil siria».

Para “L’Osservatore Romano”, «el occidente parece asistir inerme a la supremacía de las armas por encima de la diplomacia». Particularmente, «Francia indicó que está ofreciendo a los rebeldes sirios ayuda militar».

Pero, «durante una conversación telefónica, el primer ministro británico, David Cameron, y los presidentes de Francia y Estados Unidos, François Hollande y Barack Obama, discutieron sobre cómo mejorar el apoyo que ya se ha ofrecido a la oposición para poner fin a la espantosa violencia y llevar de nuevo la estabilidad».