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28/6/10
La Madre Gertudris
La historia de la monja que ama a los gitanos que la recibieron a pedradas
La madre Gertrudis ha formado a 3.000 gitanos y abre ahora una ermita para su patrona, la "Majarí Calí".
La religiosa Gertrudis Rol ha promovido la construcción de una ermita dedicada a la Virgen Gitana, la “Majarí Calí”, para fomentar su devoción en la localidad valenciana de Torrent, a donde llegó hace ahora 40 años.
Entonces fue recibida a pedradas por un grupo de gitanos cuando intentaba enseñarles a sumar con una pequeña pizarra bajo un árbol. Hoy, más de tres mil niños y niñas gitanas han pasado por las aulas del colegio “Madre Petra” que fundó en aquel lugar “la madre Gertrudis” y en cuya construcción colaboró con un donativo personal el papa Juan Pablo II.
“Hace 40 años nadie se atrevía a entrar aquí”
“Hace 40 años, cuando llegamos nadie se atrevía a entrar aquí” ha reconocido la religiosa, que ha precisado que, sin embargo, “al ver que respondíamos a las piedras con cariño, cambiaron su actitud y se dieron a nosotras de una forma muy generosa”, hasta el punto de que “todo lo que hacíamos para enseñarles les parecía algo grande porque nunca antes les habían tratado así”.
La madre Gertrudis, que pertenece a la congregación San José de la Montaña Madres Desamparados, asegura que “si me pusiera a contar todas las experiencias de estos años con los gitanos, haría libros enteros y no serían suficientes para tanta satisfacción y gusto por haberlas compartido con ellos”.
“Por mucha faena que haya, lo primero debe ser escuchar a las madres de los niños gitanos, y también del resto de alumnos, muchos de ellos inmigrantes, que me llaman cuando están apuradas por problemas graves, como por ejemplo el fallecimiento o enfermedad de un ser querido”.
“Quiero ser para ellas el paño de lágrimas y su consuelo, y saben que cuando les hemos aconsejado alguna cosa, por el bien de ellos, han cerrado los ojos y han confiado plenamente en nosotras”, asegura la religiosa.
Ahora, “le pido a la Virgen gitana que siga demostrando ese cariño de madre, que se le nota con todos nosotros al cien por cien, y que nos de la ilusión de saber responderle”. Para la madre Gertrudis, “saber responder a la Virgen es hacer las cosas cada día mejor, con más cariño, más ilusión y dándonos a los demás, haciendo que todo el mundo la quiera”.
Los favores de la Virgen gitana
La iniciativa de construir ahora una ermita para la “Majarí Calí” surgió ante el “continuo interés de sus devotos y muchas personas que han obtenido favores tras encomendarse a la Virgen gitana”, según la religiosa. “Son numerosos los peregrinos que preguntan por Ella y se acercan para darle gracias, ya no sólo de Torrent y Valencia y otros pueblos, sino también desde otras localidades españolas e, incluso, desde Roma”.
La ermita, realizada con ladrillos ‘caravista’ y cañizos, se alza ya en el jardín del colegio con una réplica de la “Majarí Calí” original, de 1,30 metros de alto, que ha sido elaborada en resina por una profesora de Bellas Artes del centro escolar.
La capilla de apenas tres metros de alto tiene una de sus cuatro paredes totalmente acristalada “para que pueda verse y venerarse desde el exterior la imagen que ha sido instalada sobre un carro de madera”.
Hoy, el colegio cuenta con más de doscientos alumnos en su mayoría de la ciudad de Valencia y de otras localidades próximas. También ofrece talleres de inserción sociolaboral a más de 50 jóvenes de entre 16 y 30 años, en los que aprenden los oficios de corte y confección, peluquería, jardinería y mecánica.
Según la directora del centro, "la clave del éxito del colegio es la responsabilidad y la participación que tienen los propios padres gitanos en las bases y desarrollo de la labor educativa, que contrasta con el absentismo habitual en estas actividades".
También el colegio Madre Petra constituyó hace diez años la primera coral de niñas gitanas que se formó en el mundo, integrada por 32 alumnas de entre 7 y 15 años, que ensayan tres horas semanales.
Juan Pablo II y Benedicto XVI
Entre los benefactores del colegio Madre Petra se encuentra el propio Papa Juan Pablo II que en 1998 envió un donativo personal de tres mil euros (medio millón de pesetas) para colaborar en las obras de ampliación del colegio.
En una carta, entonces, el Pontífice les invitaba a ser "apóstoles de la nueva evangelización, portadores de esperanza, amor al prójimo y respeto de la dignidad de la vida humana" y les instaba a "contribuir con el ejemplo personal, la coherencia de vida y la colaboración en las diversas actividades del apostolado gitano a instaurar el reino de Cristo, único salvador".
Igualmente, el papa Benedicto XVI envió el pasado mes de abril un mensaje a los niños gitanos del colegio Madre Petra de Torrent en el que les expresaba que "les siente muy cercanos en el corazón" y pedía al Señor que "les ayude con su gracia en este momento tan importante" de su formación humana y cristiana.
La madre Gertrudis ha formado a 3.000 gitanos y abre ahora una ermita para su patrona, la "Majarí Calí".
La religiosa Gertrudis Rol ha promovido la construcción de una ermita dedicada a la Virgen Gitana, la “Majarí Calí”, para fomentar su devoción en la localidad valenciana de Torrent, a donde llegó hace ahora 40 años.
Entonces fue recibida a pedradas por un grupo de gitanos cuando intentaba enseñarles a sumar con una pequeña pizarra bajo un árbol. Hoy, más de tres mil niños y niñas gitanas han pasado por las aulas del colegio “Madre Petra” que fundó en aquel lugar “la madre Gertrudis” y en cuya construcción colaboró con un donativo personal el papa Juan Pablo II.
“Hace 40 años nadie se atrevía a entrar aquí”
“Hace 40 años, cuando llegamos nadie se atrevía a entrar aquí” ha reconocido la religiosa, que ha precisado que, sin embargo, “al ver que respondíamos a las piedras con cariño, cambiaron su actitud y se dieron a nosotras de una forma muy generosa”, hasta el punto de que “todo lo que hacíamos para enseñarles les parecía algo grande porque nunca antes les habían tratado así”.
La madre Gertrudis, que pertenece a la congregación San José de la Montaña Madres Desamparados, asegura que “si me pusiera a contar todas las experiencias de estos años con los gitanos, haría libros enteros y no serían suficientes para tanta satisfacción y gusto por haberlas compartido con ellos”.
“Por mucha faena que haya, lo primero debe ser escuchar a las madres de los niños gitanos, y también del resto de alumnos, muchos de ellos inmigrantes, que me llaman cuando están apuradas por problemas graves, como por ejemplo el fallecimiento o enfermedad de un ser querido”.
“Quiero ser para ellas el paño de lágrimas y su consuelo, y saben que cuando les hemos aconsejado alguna cosa, por el bien de ellos, han cerrado los ojos y han confiado plenamente en nosotras”, asegura la religiosa.
Ahora, “le pido a la Virgen gitana que siga demostrando ese cariño de madre, que se le nota con todos nosotros al cien por cien, y que nos de la ilusión de saber responderle”. Para la madre Gertrudis, “saber responder a la Virgen es hacer las cosas cada día mejor, con más cariño, más ilusión y dándonos a los demás, haciendo que todo el mundo la quiera”.
Los favores de la Virgen gitana
La iniciativa de construir ahora una ermita para la “Majarí Calí” surgió ante el “continuo interés de sus devotos y muchas personas que han obtenido favores tras encomendarse a la Virgen gitana”, según la religiosa. “Son numerosos los peregrinos que preguntan por Ella y se acercan para darle gracias, ya no sólo de Torrent y Valencia y otros pueblos, sino también desde otras localidades españolas e, incluso, desde Roma”.
La ermita, realizada con ladrillos ‘caravista’ y cañizos, se alza ya en el jardín del colegio con una réplica de la “Majarí Calí” original, de 1,30 metros de alto, que ha sido elaborada en resina por una profesora de Bellas Artes del centro escolar.
La capilla de apenas tres metros de alto tiene una de sus cuatro paredes totalmente acristalada “para que pueda verse y venerarse desde el exterior la imagen que ha sido instalada sobre un carro de madera”.
Hoy, el colegio cuenta con más de doscientos alumnos en su mayoría de la ciudad de Valencia y de otras localidades próximas. También ofrece talleres de inserción sociolaboral a más de 50 jóvenes de entre 16 y 30 años, en los que aprenden los oficios de corte y confección, peluquería, jardinería y mecánica.
Según la directora del centro, "la clave del éxito del colegio es la responsabilidad y la participación que tienen los propios padres gitanos en las bases y desarrollo de la labor educativa, que contrasta con el absentismo habitual en estas actividades".
También el colegio Madre Petra constituyó hace diez años la primera coral de niñas gitanas que se formó en el mundo, integrada por 32 alumnas de entre 7 y 15 años, que ensayan tres horas semanales.
Juan Pablo II y Benedicto XVI
Entre los benefactores del colegio Madre Petra se encuentra el propio Papa Juan Pablo II que en 1998 envió un donativo personal de tres mil euros (medio millón de pesetas) para colaborar en las obras de ampliación del colegio.
En una carta, entonces, el Pontífice les invitaba a ser "apóstoles de la nueva evangelización, portadores de esperanza, amor al prójimo y respeto de la dignidad de la vida humana" y les instaba a "contribuir con el ejemplo personal, la coherencia de vida y la colaboración en las diversas actividades del apostolado gitano a instaurar el reino de Cristo, único salvador".
Igualmente, el papa Benedicto XVI envió el pasado mes de abril un mensaje a los niños gitanos del colegio Madre Petra de Torrent en el que les expresaba que "les siente muy cercanos en el corazón" y pedía al Señor que "les ayude con su gracia en este momento tan importante" de su formación humana y cristiana.
2/12/09
Monja de Clausura
Así de rotunda se mostraba Rocío Maestre, estudiante de primer año de Comunicación Audiovisual de la Universidad Francisco de Vitoria, hace un tiempo. Por aquel entonces no imaginaba que en menos de dos meses su vida iba a dar un giro radical. Después de sufrir una profunda crisis de fe y refugiarse en los estudios y en el deporte consiguiendo grandes éxitos, se dio cuenta de que todo eso no la llenaba. «Siempre me preguntaba: y ahora… ¿qué?», explica Rocío. Así que poco antes de comenzar sus estudios en la UFV una serie de circunstancias recondujeron su vida a lo que a partir de ahora será su nueva vida, cuando ingrese en el convento de las Dominicas de Lerma (Burgos).
- ¿A qué se debe esta decisión? ¿Venías meditándolo desde hace mucho tiempo o surgió a raíz de tu entrada a la universidad?
- Dios es quien llama, cuando quiere y a quién quiere. Simplemente te mira y te invita a seguirle. ¡El problema está en dejarse mirar! Porque a veces uno no quiere que el Señor se fije en ti. ¡Me negaba en rotundo! «¿Monja de clausura? ¿Yo? ¡Sí, hombre, en eso estaba pensando! ¡No tengo otra cosa mejor que hacer!»
Había comenzado mi huida, que duraría tres años. Tuve una crisis de fe muy dura, hasta el punto que llegué a negar la existencia de Dios. Donde antes había estado Cristo, me puse a mí misma, al estudio, al deporte… entré en una espiral de odio y competición… ¡Menudo desastre!
Logré todo lo que me propuse: matrículas de honor, medallas de oro… y, sin embargo, cada vez estaba más vacía. Siempre me preguntaba: y ahora… ¿qué? El hombre puede jugar a ser dios, pero, a cada paso que dé, se encontrará más cerca de su miseria, de su soledad… Y eso fue lo que me pasó a mí: acabé asqueada de todo. Pero, ¿qué me podía faltar? Tenía un montón de amigos, viajaba, los estudios se me daban genial… ¿Por qué nada lograba llenarme del todo?
Poco antes de comenzar la Universidad, el Señor se puso cabezota. El vacío en mi interior se hizo mayor, y cada día, un montón de situaciones me hacían recordar lo bien que se estaba en «la casa del Padre». Entonces tropecé con cierto pasaje del evangelio… un joven rico al que Cristo le invitó a seguirle. Y aquel joven… se marchó triste. ¡Y lo tenía todo! ¿De qué le sirvieron sus riquezas? ¡Se marchó triste! Sólo tenemos una vida… ¡Y yo quiero ser feliz! A mí también me estaba mirando… Me dijo: «Déjalo todo… sígueme» ¿Para qué quiero mis riquezas? ¿Por qué voy a conformarme con cachitos de felicidad si Alguien me ofrece la felicidad completa?
- ¿Por qué has decidido irte con las Dominicas de Lerma en Burgos y no con otra comunidad?
- En ese convento está una amiga de la familia de mi madre. Desde que yo era muy pequeña mis padres me llevaban a visitarla al convento, por lo que conozco de siempre a la comunidad. Hace cuatro años me invitaron a ir con otras dos chicas a pasar unos días en a casita de al lado del convento. Curiosamente, los acontecimientos fueron cambiando de rumbo, estas dos chicas se rajaron… y, claro, ¡no me iba a quedar yo sola en la casita! Vamos, al final las monjas me invitaron a pasar unos días dentro del convento. Fueron unos días maravillosos, en los que mi concepto de clausura cambió completamente. Pero, lo más importante… tuve una experiencia de Dios que marcó mi vida para siempre: Vi claramente que el Señor quería que compartiese esa vida. ¡Vaya por Dios! Y yo que había entrado al convento con la intención de demostrarle a Cristo que la clausura no era lo mío… ¡Va y me sale con esas!
Las dominicas de Lerma me han acompañado todo este tiempo… han visto cómo me alejaba de Dios; cómo, poco a poco, comenzaba el camino de vuelta a casa y, estos últimos meses, han visto en primera fila mi «última batalla contra Dios». Y, lo admito: he sido derrotada. ¡¡Bendita derrota!! Desde que me he rendido a Cristo siento en mí una alegría y una paz que hacía mucho tiempo que no sentía. La verdad es que no tengo ninguna duda… ese es mi sitio y esa es mi comunidad.
- ¿Por qué la clausura?
- Por experiencia. Porque sé que es ahí donde está mi felicidad. He hecho vida normal de la parroquia y… ¡Se me quedaba pequeña! Ir a misa los domingos y participar en el grupo de jóvenes está muy bien, pero ¡mi corazón me pedía algo más!
Tras esta experiencia, pensé que sí, que Cristo podía llenar mi vida. Así pues, ser monja… bueno, pase, pero… ¡De vida activa! Así pues, estuve dando catequesis, tratando de demostrarle que eso era lo mío. Y, en fin, fue muy bonito pero… ¡No me llenaba! ¡Yo no era feliz!
Entonces se me ocurrió irme de voluntaria a Perú durante un mes. ¡Yo tenía que ser misionera! De nuevo, una aventura increíble que recomiendo a todo el mundo, pero… ¡Seguía sintiéndome vacía!
Lo he probado todo, pero siempre me daba cuenta de que ese no era mi sitio, de que ahí no estaba mi felicidad. Mi corazón me pide algo mucho más grande que todo eso… Cristo me quiere enteramente para Él… ¿Cómo decirle que no? Sólo Él me ha llenado por completo.
- ¿Cuáles son las expectativas que tienes sobre esta nueva etapa de tu vida?
- Espero conocer a Cristo, pero, sobre todo, espero aprender a amarle. Amarle sin medida, con todo el corazón, con todo el alma, con todas mis fuerzas. Quiero aprender a orar, a hablar con Él, a mirar a los demás como Él los mira… Quiero amar a Cristo y, desde Él, amar a todo el mundo. Desde el corazón de Cristo quiero interceder, hacer de puente, orar para que vosotros encontréis el sentido profundo de vuestra felicidad. Yo ya he encontrado el mío y… ¡Es tan maravilloso! ¡Dios es Amor! ¿Qué hay más bello que amar, y amar sin medida? Quiero ser toda de Cristo y para Cristo. Si supiésemos el amor que nos tiene…
¿Sabes lo que realmente quiero? Quiero que no me veas a mí sino que veas a Cristo a través de mí. En pocas palabras, simplemente quiero ser un reflejo de Dios.
¡Os espero en las dominicas de Lerma!
- ¿A qué se debe esta decisión? ¿Venías meditándolo desde hace mucho tiempo o surgió a raíz de tu entrada a la universidad?
- Dios es quien llama, cuando quiere y a quién quiere. Simplemente te mira y te invita a seguirle. ¡El problema está en dejarse mirar! Porque a veces uno no quiere que el Señor se fije en ti. ¡Me negaba en rotundo! «¿Monja de clausura? ¿Yo? ¡Sí, hombre, en eso estaba pensando! ¡No tengo otra cosa mejor que hacer!»
Había comenzado mi huida, que duraría tres años. Tuve una crisis de fe muy dura, hasta el punto que llegué a negar la existencia de Dios. Donde antes había estado Cristo, me puse a mí misma, al estudio, al deporte… entré en una espiral de odio y competición… ¡Menudo desastre!
Logré todo lo que me propuse: matrículas de honor, medallas de oro… y, sin embargo, cada vez estaba más vacía. Siempre me preguntaba: y ahora… ¿qué? El hombre puede jugar a ser dios, pero, a cada paso que dé, se encontrará más cerca de su miseria, de su soledad… Y eso fue lo que me pasó a mí: acabé asqueada de todo. Pero, ¿qué me podía faltar? Tenía un montón de amigos, viajaba, los estudios se me daban genial… ¿Por qué nada lograba llenarme del todo?
Poco antes de comenzar la Universidad, el Señor se puso cabezota. El vacío en mi interior se hizo mayor, y cada día, un montón de situaciones me hacían recordar lo bien que se estaba en «la casa del Padre». Entonces tropecé con cierto pasaje del evangelio… un joven rico al que Cristo le invitó a seguirle. Y aquel joven… se marchó triste. ¡Y lo tenía todo! ¿De qué le sirvieron sus riquezas? ¡Se marchó triste! Sólo tenemos una vida… ¡Y yo quiero ser feliz! A mí también me estaba mirando… Me dijo: «Déjalo todo… sígueme» ¿Para qué quiero mis riquezas? ¿Por qué voy a conformarme con cachitos de felicidad si Alguien me ofrece la felicidad completa?
- ¿Por qué has decidido irte con las Dominicas de Lerma en Burgos y no con otra comunidad?
- En ese convento está una amiga de la familia de mi madre. Desde que yo era muy pequeña mis padres me llevaban a visitarla al convento, por lo que conozco de siempre a la comunidad. Hace cuatro años me invitaron a ir con otras dos chicas a pasar unos días en a casita de al lado del convento. Curiosamente, los acontecimientos fueron cambiando de rumbo, estas dos chicas se rajaron… y, claro, ¡no me iba a quedar yo sola en la casita! Vamos, al final las monjas me invitaron a pasar unos días dentro del convento. Fueron unos días maravillosos, en los que mi concepto de clausura cambió completamente. Pero, lo más importante… tuve una experiencia de Dios que marcó mi vida para siempre: Vi claramente que el Señor quería que compartiese esa vida. ¡Vaya por Dios! Y yo que había entrado al convento con la intención de demostrarle a Cristo que la clausura no era lo mío… ¡Va y me sale con esas!
Las dominicas de Lerma me han acompañado todo este tiempo… han visto cómo me alejaba de Dios; cómo, poco a poco, comenzaba el camino de vuelta a casa y, estos últimos meses, han visto en primera fila mi «última batalla contra Dios». Y, lo admito: he sido derrotada. ¡¡Bendita derrota!! Desde que me he rendido a Cristo siento en mí una alegría y una paz que hacía mucho tiempo que no sentía. La verdad es que no tengo ninguna duda… ese es mi sitio y esa es mi comunidad.
- ¿Por qué la clausura?
- Por experiencia. Porque sé que es ahí donde está mi felicidad. He hecho vida normal de la parroquia y… ¡Se me quedaba pequeña! Ir a misa los domingos y participar en el grupo de jóvenes está muy bien, pero ¡mi corazón me pedía algo más!
Tras esta experiencia, pensé que sí, que Cristo podía llenar mi vida. Así pues, ser monja… bueno, pase, pero… ¡De vida activa! Así pues, estuve dando catequesis, tratando de demostrarle que eso era lo mío. Y, en fin, fue muy bonito pero… ¡No me llenaba! ¡Yo no era feliz!
Entonces se me ocurrió irme de voluntaria a Perú durante un mes. ¡Yo tenía que ser misionera! De nuevo, una aventura increíble que recomiendo a todo el mundo, pero… ¡Seguía sintiéndome vacía!
Lo he probado todo, pero siempre me daba cuenta de que ese no era mi sitio, de que ahí no estaba mi felicidad. Mi corazón me pide algo mucho más grande que todo eso… Cristo me quiere enteramente para Él… ¿Cómo decirle que no? Sólo Él me ha llenado por completo.
- ¿Cuáles son las expectativas que tienes sobre esta nueva etapa de tu vida?
- Espero conocer a Cristo, pero, sobre todo, espero aprender a amarle. Amarle sin medida, con todo el corazón, con todo el alma, con todas mis fuerzas. Quiero aprender a orar, a hablar con Él, a mirar a los demás como Él los mira… Quiero amar a Cristo y, desde Él, amar a todo el mundo. Desde el corazón de Cristo quiero interceder, hacer de puente, orar para que vosotros encontréis el sentido profundo de vuestra felicidad. Yo ya he encontrado el mío y… ¡Es tan maravilloso! ¡Dios es Amor! ¿Qué hay más bello que amar, y amar sin medida? Quiero ser toda de Cristo y para Cristo. Si supiésemos el amor que nos tiene…
¿Sabes lo que realmente quiero? Quiero que no me veas a mí sino que veas a Cristo a través de mí. En pocas palabras, simplemente quiero ser un reflejo de Dios.
¡Os espero en las dominicas de Lerma!
Así de rotunda se mostraba Rocío Maestre, estudiante de primer año de Comunicación Audiovisual de la Universidad Francisco de Vitoria, hace un tiempo. Por aquel entonces no imaginaba que en menos de dos meses su vida iba a dar un giro radical. Después de sufrir una profunda crisis de fe y refugiarse en los estudios y en el deporte consiguiendo grandes éxitos, se dio cuenta de que todo eso no la llenaba. «Siempre me preguntaba: y ahora… ¿qué?», explica Rocío. Así que poco antes de comenzar sus estudios en la UFV una serie de circunstancias recondujeron su vida a lo que a partir de ahora será su nueva vida, cuando ingrese en el convento de las Dominicas de Lerma (Burgos).
- ¿A qué se debe esta decisión? ¿Venías meditándolo desde hace mucho tiempo o surgió a raíz de tu entrada a la universidad?
- Dios es quien llama, cuando quiere y a quién quiere. Simplemente te mira y te invita a seguirle. ¡El problema está en dejarse mirar! Porque a veces uno no quiere que el Señor se fije en ti. ¡Me negaba en rotundo! «¿Monja de clausura? ¿Yo? ¡Sí, hombre, en eso estaba pensando! ¡No tengo otra cosa mejor que hacer!»
Había comenzado mi huida, que duraría tres años. Tuve una crisis de fe muy dura, hasta el punto que llegué a negar la existencia de Dios. Donde antes había estado Cristo, me puse a mí misma, al estudio, al deporte… entré en una espiral de odio y competición… ¡Menudo desastre!
Logré todo lo que me propuse: matrículas de honor, medallas de oro… y, sin embargo, cada vez estaba más vacía. Siempre me preguntaba: y ahora… ¿qué? El hombre puede jugar a ser dios, pero, a cada paso que dé, se encontrará más cerca de su miseria, de su soledad… Y eso fue lo que me pasó a mí: acabé asqueada de todo. Pero, ¿qué me podía faltar? Tenía un montón de amigos, viajaba, los estudios se me daban genial… ¿Por qué nada lograba llenarme del todo?
Poco antes de comenzar la Universidad, el Señor se puso cabezota. El vacío en mi interior se hizo mayor, y cada día, un montón de situaciones me hacían recordar lo bien que se estaba en «la casa del Padre». Entonces tropecé con cierto pasaje del evangelio… un joven rico al que Cristo le invitó a seguirle. Y aquel joven… se marchó triste. ¡Y lo tenía todo! ¿De qué le sirvieron sus riquezas? ¡Se marchó triste! Sólo tenemos una vida… ¡Y yo quiero ser feliz! A mí también me estaba mirando… Me dijo: «Déjalo todo… sígueme» ¿Para qué quiero mis riquezas? ¿Por qué voy a conformarme con cachitos de felicidad si Alguien me ofrece la felicidad completa?
- ¿Por qué has decidido irte con las Dominicas de Lerma en Burgos y no con otra comunidad?
- En ese convento está una amiga de la familia de mi madre. Desde que yo era muy pequeña mis padres me llevaban a visitarla al convento, por lo que conozco de siempre a la comunidad. Hace cuatro años me invitaron a ir con otras dos chicas a pasar unos días en a casita de al lado del convento. Curiosamente, los acontecimientos fueron cambiando de rumbo, estas dos chicas se rajaron… y, claro, ¡no me iba a quedar yo sola en la casita! Vamos, al final las monjas me invitaron a pasar unos días dentro del convento. Fueron unos días maravillosos, en los que mi concepto de clausura cambió completamente. Pero, lo más importante… tuve una experiencia de Dios que marcó mi vida para siempre: Vi claramente que el Señor quería que compartiese esa vida. ¡Vaya por Dios! Y yo que había entrado al convento con la intención de demostrarle a Cristo que la clausura no era lo mío… ¡Va y me sale con esas!
Las dominicas de Lerma me han acompañado todo este tiempo… han visto cómo me alejaba de Dios; cómo, poco a poco, comenzaba el camino de vuelta a casa y, estos últimos meses, han visto en primera fila mi «última batalla contra Dios». Y, lo admito: he sido derrotada. ¡¡Bendita derrota!! Desde que me he rendido a Cristo siento en mí una alegría y una paz que hacía mucho tiempo que no sentía. La verdad es que no tengo ninguna duda… ese es mi sitio y esa es mi comunidad.
- ¿Por qué la clausura?
- Por experiencia. Porque sé que es ahí donde está mi felicidad. He hecho vida normal de la parroquia y… ¡Se me quedaba pequeña! Ir a misa los domingos y participar en el grupo de jóvenes está muy bien, pero ¡mi corazón me pedía algo más!
Tras esta experiencia, pensé que sí, que Cristo podía llenar mi vida. Así pues, ser monja… bueno, pase, pero… ¡De vida activa! Así pues, estuve dando catequesis, tratando de demostrarle que eso era lo mío. Y, en fin, fue muy bonito pero… ¡No me llenaba! ¡Yo no era feliz!
Entonces se me ocurrió irme de voluntaria a Perú durante un mes. ¡Yo tenía que ser misionera! De nuevo, una aventura increíble que recomiendo a todo el mundo, pero… ¡Seguía sintiéndome vacía!
Lo he probado todo, pero siempre me daba cuenta de que ese no era mi sitio, de que ahí no estaba mi felicidad. Mi corazón me pide algo mucho más grande que todo eso… Cristo me quiere enteramente para Él… ¿Cómo decirle que no? Sólo Él me ha llenado por completo.
- ¿Cuáles son las expectativas que tienes sobre esta nueva etapa de tu vida?
- Espero conocer a Cristo, pero, sobre todo, espero aprender a amarle. Amarle sin medida, con todo el corazón, con todo el alma, con todas mis fuerzas. Quiero aprender a orar, a hablar con Él, a mirar a los demás como Él los mira… Quiero amar a Cristo y, desde Él, amar a todo el mundo. Desde el corazón de Cristo quiero interceder, hacer de puente, orar para que vosotros encontréis el sentido profundo de vuestra felicidad. Yo ya he encontrado el mío y… ¡Es tan maravilloso! ¡Dios es Amor! ¿Qué hay más bello que amar, y amar sin medida? Quiero ser toda de Cristo y para Cristo. Si supiésemos el amor que nos tiene…
¿Sabes lo que realmente quiero? Quiero que no me veas a mí sino que veas a Cristo a través de mí. En pocas palabras, simplemente quiero ser un reflejo de Dios.
¡Os espero en las dominicas de Lerma!
- ¿A qué se debe esta decisión? ¿Venías meditándolo desde hace mucho tiempo o surgió a raíz de tu entrada a la universidad?
- Dios es quien llama, cuando quiere y a quién quiere. Simplemente te mira y te invita a seguirle. ¡El problema está en dejarse mirar! Porque a veces uno no quiere que el Señor se fije en ti. ¡Me negaba en rotundo! «¿Monja de clausura? ¿Yo? ¡Sí, hombre, en eso estaba pensando! ¡No tengo otra cosa mejor que hacer!»
Había comenzado mi huida, que duraría tres años. Tuve una crisis de fe muy dura, hasta el punto que llegué a negar la existencia de Dios. Donde antes había estado Cristo, me puse a mí misma, al estudio, al deporte… entré en una espiral de odio y competición… ¡Menudo desastre!
Logré todo lo que me propuse: matrículas de honor, medallas de oro… y, sin embargo, cada vez estaba más vacía. Siempre me preguntaba: y ahora… ¿qué? El hombre puede jugar a ser dios, pero, a cada paso que dé, se encontrará más cerca de su miseria, de su soledad… Y eso fue lo que me pasó a mí: acabé asqueada de todo. Pero, ¿qué me podía faltar? Tenía un montón de amigos, viajaba, los estudios se me daban genial… ¿Por qué nada lograba llenarme del todo?
Poco antes de comenzar la Universidad, el Señor se puso cabezota. El vacío en mi interior se hizo mayor, y cada día, un montón de situaciones me hacían recordar lo bien que se estaba en «la casa del Padre». Entonces tropecé con cierto pasaje del evangelio… un joven rico al que Cristo le invitó a seguirle. Y aquel joven… se marchó triste. ¡Y lo tenía todo! ¿De qué le sirvieron sus riquezas? ¡Se marchó triste! Sólo tenemos una vida… ¡Y yo quiero ser feliz! A mí también me estaba mirando… Me dijo: «Déjalo todo… sígueme» ¿Para qué quiero mis riquezas? ¿Por qué voy a conformarme con cachitos de felicidad si Alguien me ofrece la felicidad completa?
- ¿Por qué has decidido irte con las Dominicas de Lerma en Burgos y no con otra comunidad?
- En ese convento está una amiga de la familia de mi madre. Desde que yo era muy pequeña mis padres me llevaban a visitarla al convento, por lo que conozco de siempre a la comunidad. Hace cuatro años me invitaron a ir con otras dos chicas a pasar unos días en a casita de al lado del convento. Curiosamente, los acontecimientos fueron cambiando de rumbo, estas dos chicas se rajaron… y, claro, ¡no me iba a quedar yo sola en la casita! Vamos, al final las monjas me invitaron a pasar unos días dentro del convento. Fueron unos días maravillosos, en los que mi concepto de clausura cambió completamente. Pero, lo más importante… tuve una experiencia de Dios que marcó mi vida para siempre: Vi claramente que el Señor quería que compartiese esa vida. ¡Vaya por Dios! Y yo que había entrado al convento con la intención de demostrarle a Cristo que la clausura no era lo mío… ¡Va y me sale con esas!
Las dominicas de Lerma me han acompañado todo este tiempo… han visto cómo me alejaba de Dios; cómo, poco a poco, comenzaba el camino de vuelta a casa y, estos últimos meses, han visto en primera fila mi «última batalla contra Dios». Y, lo admito: he sido derrotada. ¡¡Bendita derrota!! Desde que me he rendido a Cristo siento en mí una alegría y una paz que hacía mucho tiempo que no sentía. La verdad es que no tengo ninguna duda… ese es mi sitio y esa es mi comunidad.
- ¿Por qué la clausura?
- Por experiencia. Porque sé que es ahí donde está mi felicidad. He hecho vida normal de la parroquia y… ¡Se me quedaba pequeña! Ir a misa los domingos y participar en el grupo de jóvenes está muy bien, pero ¡mi corazón me pedía algo más!
Tras esta experiencia, pensé que sí, que Cristo podía llenar mi vida. Así pues, ser monja… bueno, pase, pero… ¡De vida activa! Así pues, estuve dando catequesis, tratando de demostrarle que eso era lo mío. Y, en fin, fue muy bonito pero… ¡No me llenaba! ¡Yo no era feliz!
Entonces se me ocurrió irme de voluntaria a Perú durante un mes. ¡Yo tenía que ser misionera! De nuevo, una aventura increíble que recomiendo a todo el mundo, pero… ¡Seguía sintiéndome vacía!
Lo he probado todo, pero siempre me daba cuenta de que ese no era mi sitio, de que ahí no estaba mi felicidad. Mi corazón me pide algo mucho más grande que todo eso… Cristo me quiere enteramente para Él… ¿Cómo decirle que no? Sólo Él me ha llenado por completo.
- ¿Cuáles son las expectativas que tienes sobre esta nueva etapa de tu vida?
- Espero conocer a Cristo, pero, sobre todo, espero aprender a amarle. Amarle sin medida, con todo el corazón, con todo el alma, con todas mis fuerzas. Quiero aprender a orar, a hablar con Él, a mirar a los demás como Él los mira… Quiero amar a Cristo y, desde Él, amar a todo el mundo. Desde el corazón de Cristo quiero interceder, hacer de puente, orar para que vosotros encontréis el sentido profundo de vuestra felicidad. Yo ya he encontrado el mío y… ¡Es tan maravilloso! ¡Dios es Amor! ¿Qué hay más bello que amar, y amar sin medida? Quiero ser toda de Cristo y para Cristo. Si supiésemos el amor que nos tiene…
¿Sabes lo que realmente quiero? Quiero que no me veas a mí sino que veas a Cristo a través de mí. En pocas palabras, simplemente quiero ser un reflejo de Dios.
¡Os espero en las dominicas de Lerma!
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