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La mafia calabresa amenaza al sacerdote que denuncia sus actividades


LE DEJAN UNA CABEZA DE CERDO EN LA PUERTA DE SU CASA

La mafia calabresa amenaza al sacerdote que denuncia sus actividades

«Ni soy un cura antimafia ni un héroe. Solo soy un sacerdote que hace el propio deber y frente al mal no podemos callar». El párroco de Cetraro, en la región italiana de Calabria, ha denunciado en Radio Vaticano las amenazas mafiosas recibidas por su predicación contra la ley del silencio y su compromiso con la legalidad. Le han dejado una cabeza de cerdo en la puerta de su casa, lo cual suele ser el paso previo al asesinato.
03/02/12 9:54 AM | Imprimir | Enviar
(RV) El padre Ennio Stamile, subraya que “el compromiso de los sacerdotes con la legalidad es una molestia para quien se dedica a la usura y el soborno para amenazar a los más débiles con el miedo, a quienes piensan que con la deshonestidad se puede sobrevivir, que como en Calabria no hay trabajo los jóvenes de aquí deben confiar en la Ndrangheta para encontrarlo”.
“Por desgracia –lamenta el párroco- esta denuncia, en algunos ambientes de subcultura y subdesarrollo no es acogida como una invitación a la reflexión, a la conversión, sino como una actitud de desafío”.
Al padre Stamile no le gustan las etiquetas de sacerdotes antimafia usadas por los medios de comunicación, porque “el sacerdote, como el cristiano –precisa el párroco- no va contra nadie..., los sacerdotes están de parte del hombre”.
El padre Stamile considera que así sólo se consigue ofuscar la imagen de una región como Calabria, compuesta de hombres extraordinarios que hacen el bien de forma silenciosa, entregándose cotidianamente a una acción de servicio, voluntario y en favor de los más débiles.
Tras las amenazas mafiosas el párroco de Cetraro ha recibido muchas muestras de solidaridad,“pero no debemos indignarnos sólo cuando las intimidaciones van dirigidas a los sacerdotes”, añade, “sino también cuando las reciben los consejeros municipales, los médicos, los empresarios. De otra forma nuestros hermanos pueden interpretar equivocadamente estas declaraciones y percibirnos como una casta de privilegiados”. La indignación debe ser constante, para el sacerdote, al igual que el compromiso con la justicia y la solidaridad”.