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«La fe es el mejor legado que se puede transmitir a los hijos»


DIRECTOR DEL COLEGIO TAJAMAR DE MADRID

Alfonso Aguiló: «La fe es el mejor legado que se puede transmitir a los hijos»

El director del Colegio Tajamar de Madrid, Alfonso Aguiló, ha sido el segundo ponente en la XX Semana de la Familia de Zamora, con una conferencia sobre la transmisión de la fe, en la que ha recordado los principales criterios para una educación integral. El ponente ha recordado que «la fe es el mejor legado que se puede transmitir a los hijos» y que «se ha transmitido en la familia desde mucho antes de que se inventaran los colegios».
11/04/13 5:28 PM | Imprimir | Enviar
(Luis Santamaría/InfoCatólica) Ayer tuvo lugar la segunda jornada de la XX Semana de la Familia, que se celebra en el paraninfo del Colegio Universitario de Zamora, organizada por la Delegación Diocesana para la Familia y Defensa de la Vida y con el patrocinio de la Fundación Científica de Caja Rural. El ponente fue Alfonso Aguiló Pastrana, cuya intervención llevaba el título «La transmisión de la fe en la familia».
Alfonso Aguiló Pastrana (Madrid, 1959) es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, y lleva muchos años dedicado a la educación. Actualmente es el director del Colegio Tajamar de Madrid, además de dirigir el portal Interrogantes.net y ser el vicepresidente del Instituto Europeo de Estudios de la Educación. Ha escrito varios libros, entre los que destacan Educar el carácter (1992), Interrogantes en torno a la fe(1994), La tolerancia (1995) y Educar los sentimientos (1999). Escribe artículos divulgativos sobre educación y familia.
El encargado de presentarlo fue el sacerdote Florencio Gago, delegado diocesano para la Familia y Defensa de la Vida, que afirmó que «muchos padres intentan transmitir la fe a sus hijos, y muchos sufren porque después de haberlo hecho ven que esa semilla no ha dado su fruto». A otros padres, sin embargo, no les importa tanto la educación cristiana de sus hijos. «Nosotros, los creyentes, seguimos apostando por una familia que evangelice a sus miembros, que sea Iglesia doméstica», añadió Gago.

La fe, el mejor legado, en entredicho

«La fe es el mejor legado que se puede transmitir a los hijos», fue la primera afirmación del ponente. «Uno a sus hijos les puede dejar muchas cosas, pero lo mejor que le puede dejar es la educación, y en ella la fe tiene un lugar muy importante». El problema de la transmisión de la fe es muy antiguo, y el problema de la pérdida de fe de los hijos se repite a lo largo de la historia: «es un problema de siempre; no estamos en un momento especialmente grave».
«La familia es el ámbito más natural de la transmisión de la fe, más que la escuela. La fe se ha transmitido siempre en la familia, desde mucho antes de que se inventaran los colegios». Sin embargo, según subrayó el ponente, «hoy corren vientos que parecen suaves pero son peligrosos y pasan inadvertidos y por lo tanto los minusvaloramos». De hecho, «se percibe un fuerte movimiento contra la presencia de la fe en la escuela. La religión debe estar en la escuela igual que el deporte, el arte, la música… para que la educación sea completa».
«Los valores que queremos transmitir no siempre se promueven en el ambiente donde viven los hijos, y quizá por eso nuestra respuesta tiene que ser aún más firme», señaló.

La importancia del testimonio personal

«La fe no son unas ideas, y se aprende más por un testimonio de vida. La Palabra de Dios es eficaz en sí misma, pero adquiere una fuerza mucho mayor cuando se encarna en la persona que la anuncia, cuando hay un ejemplo personal. Esto vale de manera particular para los niños, que apenas distinguen entre la verdad anunciada y la vida de quien la anuncia. Las buenas ideas se transmiten en buenos ejemplos», explicó el ponente.
Para Aguiló, «educar es mostrar el esfuerzo de ser mejor, y por eso la educación mejora al educador». Y aclaró que el que uno se sienta movido a ser mejor para dar un ejemplo a alguien no es teatro, sino una cosa buena. Reconoció que «los tiempos no son fáciles», pero «la historia muestra que los grandes evangelizadores, los que han transformado instituciones y la misma Iglesia… han sido los santos. Lo que cambia las estructuras es el liderazgo de algunas personas. Ellos han sido los grandes reformadores, como decía Benedicto XVI».
Y, hablando de pontífices en esta línea, el ponente afirmó que «la repercusión mediática del nuevo Papa no ha sido tanto por lo que ha dicho sino por lo que ha hecho. Los gestos pueden tener un valor revolucionario, un mensaje directo que entra en la vida de las personas mejor que un gran razonamiento».
Además de ejemplares, señaló, «los padres han de ser cercanos. Hay que saber transmitir el calor de la fe. En muchos chicos y chicas flaquea la fe porque cuando vienen los problemas, no tienen confianza para hablar con sus padres, profesores, sacerdotes...». Y se preguntó:«¿Cuáles son los rasgos de la persona a la que uno le iría a contar sus preocupaciones más serias? Inspirar confianza, sobre todo». Y aquí Alfonso Aguiló señaló varias pautas, varios consejos para ser buenos educadores en esos momentos tan especiales de los problemas de los hijos.

La importancia de la libertad

«La fe tiene que transmitirse en libertad. Se propone, no se impone, no puede meterse a martillazos. Hay que conseguir hacerla atractiva, comprensible… y el educador tiene que ser consciente de que puede transmitirse muy bien y no ser aceptada. Educar en la fe no es como adiestrar un animal doméstico, sino algo complejo donde está la libertad», dijo.
Y añadió: «los hijos no están para hacer nuestra voluntad, sino para cumplir la voluntad de Dios para ellos, desde el punto de vista creyente, o para lo que estén llamados a ser ellos mismos, si lo planteamos desde un punto de vista no creyente. Al final, el proyecto de vida lo marcan ellos». Por eso, en la tarea educativa «hay que dar luz a las personas para caminar por la vida. Pero son ellos los que caminan. Nuestra labor de orientación y de ayuda debe buscar que cada uno se enfrente con sus propias responsabilidades. La decisión acaba siendo siempre personal».
Entre otros consejos, dijo con claridad, dirigiéndose a los padres: «ojo al síndrome de ‘que sea él quien decida’. Cuando casi todo se le da decidido a los hijos, como la educación, las normas… no puede dejarse algo tan importante como la fe a ‘cuando él lo decida’».

Los ámbitos de la educación en la fe

En cuanto a los elementos principales que han de integrar la transmisión de la fe en la familia, en primer lugar «es vital la cercanía a Dios en la oración y en los sacramentos, lo que hemos llamado la piedad. Es verdad que no puede quedarse en esto, pero sin esto no es fe». Por otro lado, «también es importante la solidez doctrinal».
El otro ámbito es la virtud, «porque uno tiene que saber qué es lo bueno y lo malo, pero además tiene que tener fuerzas para ello, porque no bastan las ideas. Sin virtud, la fe se volatiliza, porque cada uno acaba pensando como vive. Por eso tiene que haber ambiente de exigencia, donde haya aprecio por el trabajo, la generosidad o la templanza». Cuando las personas se centran en lo material, es más difícil el arraigo de lo espiritual y de lo moral.
Alfonso Aguiló dio otras muchas pistas educativas, como que «hay que saber aprovechar los años en los que los chicos son más receptivos». Y tener en cuenta la unidad de vida en la formación que se da, el equilibrio en todos los aspectos de la educación. Sin olvidar que «para transmitir la fe nos hace falta ser buenos comunicadores, transmitir mejor las ideas. Mejor que ser discutidor, recriminador... hay que ser dialogante, propositivo, en clave positiva… Dirigirse a la cabeza y al corazón».
Además, a los hijos hay que «hacerles sentir la Iglesia como algo propio, hacerles descubrir la persona de Jesucristo, hablar del amor humano, formarse para aprender a explicar bien la fe y las verdades cristianas…». Y enumeró otras recomendaciones como: hay que leer, que es algo insustituible; no ser rotundos; entrar en las nuevas tecnologías; conocer el corazón del hombre; no eludir los temas difíciles y aprovechar las dudas para razonar y saber contestar; escuchar antes de hablar; no esconder la realidad del dolor y de la muerte; hacer atractiva la fe; procurar no enfadarse; hablar de Dios de modo grato; escuchar al más joven, como decía San Benito… y aprender de los demás.