27/8/09

Cisma Anglicano

LA COMUNIÓN ANGLICANA ESTÁ SOMETIDA DESDE HACE AÑOS A DEBATES INTERNOS

El arzobispo de Canterbury trata de salvar por dos vías el riesgo de cisma anglicano

El primero para los tradicionalistas, el segundo para los modernistas. Es la solución que se le ha ocurrido a Rowan Williams para mantener juntos a los que aprueban y a los que rechazan las órdenes sagradas para gays y lesbianas. El Vaticano lo apoya.


(Sandro Magister/L'espresso) En el intento extremo de evitar un enésimo cisma entre sus fieles, el arzobispo de Canterbury y primado de la comunión anglicana, Rowan Williams (en la foto con su esposa Jane) ha pedido ayuda también al Vaticano. Y desde allí han corrido inmediatamente a socorrerlo.

La implícita solicitud de ayuda está en un texto que Williams publicó el 27 de julio en su sitio web, titulado «Communion, Covenant and Our Anglican Future». La ayuda vaticana se expresó en un artículo de «L'Osservatore Romano» del día siguiente y en una declaración del 29 de julio del pontificio consejo para la unidad de los cristianos.

Al dirigirse a los setenta y siete millones de anglicanos en el mundo, Williams ha tomado nota de que entre ellos el peligro de un cisma es real, especialmente después de las resoluciones aprobadas a mediados de julio por los anglicanos de los Estado Unidos, que allí se denominan episcopalianos. Pero los ha exhortado a hacer de todo para permanecer unidos. Y para convencerlos se ha apoyado también en el desastre que resultaría para el ecumenismo, es decir para le camino de unión con las otras Iglesias y comunidades cristianas, en primer lugar con la Iglesia católica.

Las resoluciones aprobadas por los anglicanos de Estados Unidos en Anaheim, California – ha evidenciado Williams – están, de hecho, en profunda contradicción con la doctrina y la práctica de los católicos y de los ortodoxos, aparte de contradecir el sentir de un gran número de anglicanos.

Dichas resoluciones se refieren a la homosexualidad. Una primera solución ha establecido que pueden acceder al sacerdocio y al episcopado todos los bautizados, por lo tanto también los hombres y las mujeres que mantienen relaciones con personas del mismos sexo. Una segunda resolución ha decidido que se bendigan con una especial liturgia las bodas entre homosexuales.

Williams ha objetado que el matrimonio entre homosexuales no tiene ningún fundamento en las Sagradas Escrituras. Y la comunión anglicana debe atenerse a ellas, sin seguir las cambiantes reglas sociales que, por ejemplo, en seis Estados americanos permiten el matrimonio de parejas homosexuales. Mucho menos admitiendo al sacerdocio y al episcopado hombres y mujeres que conviven con personas del mismo sexo.

Por lo tanto, para evitar este y otros posibles cismas, Williams ha propuesto a las cuarenta y cuatro provincias que componen la comunión anglicana suscribir un «Covenant», un pacto sobre la ortodoxia bíblica. Entre quien lo suscribirá y quien no, se separarán los caminos, pero no del todo. Por un lado estarán aquellos que se cimientan en la tradición bíblica, comparten una visión común sobre la doctrina y la praxis anglicana, se sienten parte de una más amplia hermandad con las otras Iglesias y comunidades cristianas. Por otro lado estarán aquellos que darán la prioridad a las decisiones de la propia comunidad y concebirán la comunión anglicana como una libre federación de cuerpos independientes, que simplemente tienen una historia cultural común a las espaldas.

Los fieles podrán suscribir el «Covenant», cuando su provincia no lo haga. Y en cada caso – ha subrayado Williams – solamente los firmantes del pacto participarán de los encuentros ecuménicos en calidad de representantes de la comunión anglicana, en modo que las otras Iglesias y comunidades cristianas sepan siempre quiénes son y qué cosa piensan aquellos con los que se encontrarán para dialogar.

Pocas horas después de la difusión del texto del arzobispo de Canterbury, «L'Osservatore Romano» ha reportado una amplia síntesis del mismo, bajo el título: «Dos diferentes estilos para los anglicanos». El resumen era claramente solidario con el esfuerzo de Williams de evitar el fraccionamiento de la comunión anglicana.

Más explícita aún, en respaldar a Williams, ha sido la declaración emitida el 29 de julio por el pontificio consejo para la unidad de los cristianos, presidido por el cardenal Walter Kasper, que terminaba así:

«Nuestra plegaria es por que la comunión anglicana, también en esta difícil situación, pueda encontrar una vía para mantener su unidad y su testimonio a Cristo como comunión mundial». Williams goza de una difundida estima y simpatía en campo católico. Cuando en el 2002 fue nombrado arzobispo de Canterbury y primado de los anglicanos, antes de tomar posesión del cargo se retiró por dos semanas en Italia, en el monasterio católico de Bose, fundado y guiado por su amigo Enzo Bianchi.

Es un hecho que la comunión anglicana está desde hace años sometida a continuos embates divergentes. La ordenación de mujeres, iniciada en 1994, es una de estas fuentes de división. Muchos anglicanos se han pasado por este motivo a la Iglesia católica o a otras Iglesias cristianas. Para que no se vayan los disidentes, en la catedral anglicana de Blackburn en Lancashire – en la cual hay canónicos de ambos sexos – hace algunos meses han encontrado una extraña solución, en la misa dominical de las 10:30. En la comunión hacen dos filas: una para quien acepta la hostia consagrada de la reverenda Sue Penfold, la otra para quien la acepta sólo si es consagrada por el reverendo Andrew Hindley.

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