20/11/12

XX Asamblea de Laicos


Discurso de Camino Cañón, presidenta del Foro de Laicos, en la apertura de la XX Asamblea del Foro de Laicos de España

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Un año más nos reunimos en esta asamblea del Foro de Laicos, en la que representantes de 50 asociaciones y movimientos de la Iglesia en España queremos vivir una experiencia de comunión entre nosotros y con toda la Iglesia.
Este es un año en el que la memoria está en la base de la comunicación que queremos tener entre nosotros estos dos días. Memoria de los 50 años de la celebración del Concilio, memoria de los 20 años del Catecismo, memoria también de los 20 años de vida de este Foro de Laicos que se constituyó en 1992, sobre una experiencia de nueve años de lo que se llamó Consejo de la Laicos, y que se constituyó para hacer avanzar la realidad hacia lo expresado por el Concilio. En estos días hablaremos de cómo celebrar esta efeméride.
La Iglesia reclama de nosotros una memoria activa de la vida de Jesucristo, su muerte y su resurrección, en este tiempo hemos sido invitados a celebrar el año
de la fe, a transmitir y confesar la fe. Recordaba el cardenal Rouco en la conferencia inaugural de la Asamblea plenaria, unas palabras de Benedicto XVI en las que explicaba que “confesar la fe” es un término tomado por el latín cristiano del testimonio dado ante un tribunal por un acusado (confessio), lo cual «implica la disposición a dar mi vida, a aceptar la pasión»; en definitiva, porque «la confessio no es algo abstracto, sino que es caritas, es amor»[12]. Así pues, la invitación a confesar la fe pasa por el ejercicio de la caridad, el amor concreto a los que tenemos cerca y las expresiones de solidaridad con los que están lejos. Confesar la fe en nuestro momento social pide de nosotros gestos que por pequeños que parezcan,(…) no solo ayudan a quienes lo necesitan, sino que también nos ayudan a nosotros mismos a revisar nuestro propio estilo de vida y
a adoptar formas de ser y de actuar más responsables con la familia, los vecinos y la comunidad política. (cfr. Rouco).

Y hoy tenemos una oportunidad para contrastar entre nosotros los pasos dados
en este sentido dentro de las asociaciones y movimientos que integramos el Foro, y
poder así aprender unos de otros y estimularnos a gastar la lo mejor de nuestras energías y de nuestras vidas en el nuevo anuncio del evangelio a nuestros contemporáneos, y a nosotros mismos. La memoria, con su capacidad para administrar el recuerdo y el olvido, nos hace pasar por el corazón, nos recuerda, que disponemos de palabras y de vidas que pueden abrir a la esperanza los balcones de esta sociedad nuestra tan desolada.

Decía Borges que “Las palabras son símbolos que postulan una memoria
compartida”, y este Foro es una buena muestra de ello. Las palabras que vamos a usar en nuestro diálogo, nos remiten a esa memoria compartida es la fe vivida en la Iglesia, y que constituye el mejor sustrato de nuestra comunión. Por eso, las diferencias que existen entre nosotros son expresión de la riqueza inmensa de la pluralidad de carismas en la Iglesia. Diversidad de expresiones para vivir la fe y anunciar el Evangelio en una sociedad muy plural. El respeto y la valoración de nuestra diversidad es un primer paso en la toma de conciencia de que las asociaciones laicales podemos contribuir a la Nueva

Evangelización aproximando la Buena Noticia de Jesús a las distintas sensibilidades
de los hombres y mujeres y jóvenes de nuestra sociedad. Tomemos conciencia de que nuestra diversidad es una expresión de la riqueza inmensa que supone el poder mostrar con nuestras propias vidas, que el elemento común de nuestras diferentes historias desantidad es el seguimiento de Jesús. (Puntos finales del Sinodo, nº21)

En estas últimas semanas, la Iglesia nos ofrece abundantes indicaciones para iluminar nuestras búsquedas sobre cómo unir fuerzas entre nosotros para anunciar con mayor creatividad y significación la buena noticia de Jesús en nuestra sociedad española. Hoy y mañana vamos a tener la oportunidad de reconocer mutuamente los esfuerzos y los diversos modos de llevar a cabo la Nueva Evangelización las diversas asociaciones y movimientos. Este encuentro precisamente quiere buscar, a partir de lo que compartamos, expresiones y caminos nuevos para vivir y anunciar la fe desde la riqueza del testimonio de ser muchos y diversos. Nos lo dicen los padres sinodales en el Mensaje Final del Sínodo:
“Mirando a los laicos, una palabra específica se dirige a las varias formas de asociación, antiguas y nuevas, junto con los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades. Todas ellas son expresiones de la riqueza de los dones que el Espíritu entrega a la Iglesia. También a estas formas de vida y compromiso en la Iglesia expresamos nuestra gratitud, exhortándoles a la fidelidad al propio carisma y a la plena comunión eclesial, de modo especial en el ámbito de las Iglesias particulares”(nº8).
Quiero ahora, recoger también las palabras finales que acabo de citar: Los padres sinodales, nos exhortan junto a la fidelidad al propio carisma, a la plena comunión eclesial, y de manera especial a la comunión eclesial en el ámbito de las Iglesias particulares. Será importante, que en este tiempo, dediquemos especial atención a este aspecto. A tomar conciencia de que la acción evangelizadora reclama que los
emisores del mensaje no sepamos parte de un mismo pueblo, realizando el mismo anuncio, mostrando de maneras diversas en nuestras vidas concretas modos de seguir a Jesús, personal y también comunitariamente, de hacerlo presente entre nuestros contemporáneos. Es una invitación a dar nuevos pasos de colaboración entre todos en el seno de las Iglesias locales. Quizás, en algunos casos, esto requiera poner a punto las mejores actitudes evangélicas, pero os propongo mirarlo como una oportunidad que se nos brinda.

En este sentido, me parece importante tomar conciencia de que en estos 50 años que nos separan de la celebración del Concilio, si bien la colaboración en la misión evangelizadora entre sacerdotes y laicos ha sido positiva, en muchos casos, dista bastante de haber alcanzado el punto que la Iglesia necesita para evangelizar en una sociedad como la nuestra.
Recordemos que en el modo de situarnos, sacerdotes y laicos, ante este desafío, la Christi Fideles Laici dio ya un paso adelante respecto de lo dicho por el Concilio en la Apostolicam Actuositatem . Éste había hablado de: “Ayuda del clero al apostolado seglar” (nº25) y, veinte años después, Juan Pablo segundo en esta encíclica habla de “un nuevo estilo de colaboración entre sacerdotes y laicos” (nº 2.9). Entre ambas expresiones constatamos un avance significativo en el lenguaje, que pasa de decir “ayuda” a pedir “un nuevo estilo de colaboración”. Pero esto mismo significa para nosotros una necesidad de revisar el estilo de colaboración que estamos ofreciendo en las Iglesias locales. La transmisión de la fe en este marco de nueva evangelización nos pide audacia, creatividad y también humildad. Este tiempo tiene novedades para todos. Ya los Lineamenta, con los que nos hemos ido familiarizando durante la preparación del Sínodo nos hablaban de los nuevos escenarios a ser tomados en cuenta en la Nueva Evangelización. Y por lo mismo la misión evangelizadora que se nos ha confiado va a requerir un nuevo modo de colaborar entre nosotros y en las Iglesias locales.
Benedicto XVI, en su carta de convocatoria del año sacerdotal: nos ofrecía algunos elementos de iluminación. Refiriéndose a los sacerdotes decía: “Deben escuchar de buena gana a los laicos, teniendo fraternalmente en cuenta sus deseos y reconociendo su experiencia y competencia en los diversos campos de la actividad humana, para poder junto con ellos reconocer los signos de los tiempos”.
Los laicos, además de agradecer esa disposición del sacerdote somos invitados a ofrecer cordialmente el fruto de nuestro saber y de nuestra experiencia en los ámbitos en los que nos hallamos implicados, como quien pone a disposición de la comunidad los dones recibidos para contribuir a su edificación. Porque también nosotros debemos estar en la comunidad “como quien sirve”.
Por otra parte, poner a disposición el propio saber, requiere asumir la existencia de visiones plurales, de interpretaciones y posiciones diferentes respecto de los mismos hechos, y no perder nunca de vista que lo que buscamos es servir mejor, y hacer más asequible la fe a nuestros contemporáneos. Queremos empujar la historia en la dirección de la “caridad en la verdad”, por usar una expresión ya familiar en la Iglesia.
Ayudémonos unos a otros a encontrar expresiones y modos de responder estas indicaciones de la Iglesia, actualizadas ahora en la invitación del Sínodo cuando nos exhorta “a la plena comunión eclesial, de modo especial en el ámbito de las Iglesias
particulares”.

Nuestra confianza en la acción del Espíritu Santo en todos nosotros, la podemos expresar con aquellas palabras de Machado en unos versos Al olmo seco de la ribera del Duero en las altas tierras sorianas: Mi corazón espera / También hacia la luz y hacia la vida / Otro milagro de la primavera.
Somos personas que aunque actuamos individualmente, estamos referidas a una comunidad, formamos un pueblo, no nos situamos como individuos aislados y posesivos, sino que nos sabemos ligados a un pueblo con una tradición, y por ello, conscientes de que somos deudores de lo mejor de nosotros mismos.
Tenemos así el mejor sustrato para que sacerdotes, religiosos, laicos asociados y fieles laicos que viven su fe en los ámbitos parroquiales, podamos encontrar un camino de colaboración y crecimiento mutuo, pues nos sabemos parte de ese pueblo que camina, y que lleva dentro de sí ritmos distintos que constantemente requieren ser acompasados.
Pensar juntos cómo orientar la formación de los laicos para que lleguemos a ser personas de fe honda, de esperanza aprobada y caridad comprometida, para que sepamos hacer uso público de la razón sostenida por esa fe, esperanza y caridad. En estos años se ha dado un paso muy importante en esta dirección y hoy disponemos la publicación de un itinerario de iniciación cristiana de enorme calidad
Nuestra formación ha de capacitarnos para ser personas moralmente responsables que buscamos cómo dar respuesta a los problemas educativos, económicos, productivos, de la gestión local o de la política, a los planteados por los avances de la ciencia y la tecnología en relación al desarrollo humano y el desarrollo de los pueblos.
Personas que además de pensar y de hacer, sabemos entrar en el interior de nosotros mismos para recibir el don del amor y de la verdad, que el Espíritu regala a quienes se disponen a acogerlo. Buscar juntos, orar juntos, compartir experiencias de vida de manera que la Palabra sea en verdad “Lámpara para nuestros pasos”. Esto es, discernir conjuntamente. En palabras recientes de Benedicto XVI: “Hacer que la inteligencia de
la fe se convierta en inteligencia de la vida”, y en palabras de nuestros obispos de la CEAS: Discernir “para servir mejor a la Iglesia y a la sociedad”.

Nuestro desafío es hacer creíble que Jesús es el camino la verdad y la vida, para los hombres y las mujeres de hoy, para los mayores también para los jóvenes; para nuestros familiares y nuestros amigos. Y esto pasa por nuestras vidas, pero también por nuestra palabra. Una palabra que no sólo comparta la experiencia subjetiva de la fe, sino que también sepa dar razón de ella en “la plaza pública de la historia” como gusta decir.
Benedicto XVI. Y esto exige una dosis fuerte de formación. Lo cual nos lleva a preguntarnos si hay esfuerzos de propuestas formativas en nuestras asociaciones y movimientos que pueden ser compartidos y abiertos a otras personas. Nuestra web puede ser un buen medio para ello.
Vamos a dar comienzo a nuestro trabajo. Empezaremos compartiendo las diversas expresiones que muchos habéis hecho llegar por escrito. Muchas gracias a todos y confiemos al Señor el fruto evangelizador de nuestro encuentro.