11/11/10

Ocho meses al Regnum Christi

Ocho meses de auditoría al Regnum Christi

A las 1:50 PM, por Andrés Beltramo
Categorías : Legionarios de Cristo

Ocho meses durará la visita apostólica al Regnum Christi. Así lo anunció el visitador y arzobispo de Valladolid (España), Ricardo Blázquez, en una carta que envió apenas ayer a todos los miembros consagrados de ese movimiento laico dependiente de la congregación de los Legionarios de Cristo. Las pesquisas se extenderán hasta el 30 de junio de 2011 y después el prelado redactará un informe reservado.

Se trata de la secuela de la primera visita apostólica, que se centró en los sacerdotes y seminaristas de la Legión. En aquella oportunidad muchos miembros del “Reino” buscaron a los visitadores (de los cuales Blázquez también formó parte) para dar a conocer sus opiniones. Algunos lograron hacerse oír, pero fueron los menos. Pronto se explicó que la investigación no consideraba a los laicos.

Como las inquietudes de los consagrados sobre el presente y el futuro de la Legión fueron numerosas el Papa Benedicto XVI decidió ordenar también una visita apostólica para el Regnum Christi, cosa que se anunció el 1 de mayo en el comunicado en el cual se informaron las conclusiones de la primera auditoría.

Es importante aclarar que esta revisión se centrará en los miembros consagrados, quienes suman unas mil mujeres y 100 hombres aproximadamente. El resto de los laicos que ocupan puestos más o menos comprometidos dentro del grupo no deberían ser considerados, al menos en primera instancia.

La carta de Blázquez dejó clara una cosa: al igual que en los Legionarios de Cristo en el Regnum hay cosas que deben cambiar. Cuáles y cómo, esas son las verdaderas interrogantes. Las respuestas deberán salir del reporte que confeccionará el visitador. Aún así resulta plausible pensar que el movimiento comparte algunos de los defectos de la congregación, ya enumerados en el boletín de mayo.

Legión y Reino surgieron de un mismo fundador, Marcial Maciel Degollado, quien dejó marcadas para siempre a ambas instituciones con el sello de sus actos inmorales. En estos términos la reforma del Regnum Christi resulta inevitable.

QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS EN EL SEÑOR
Carta del Visitador Apostólico a los miembros consagrados del Movimiento Regnum Christi
Valladolid, 9 de noviembre de 2010

Saludo a todos con respeto y afecto. Al tiempo que doy gracias a Dios por vuestra vida consagrada, os encomiendo a Su gracia en la situación presente que atravesáis marcada particularmente por el sufrimiento y las pruebas, por el discernimiento y la purificación, por la renovación y la esperanza. Os manifiesto mi cercanía y disponibilidad a prestaros la ayuda posible cumpliendo el encargo que se me ha confiado. Pido por vosotros a Dios Padre de misericordia y me encomiendo a vuestras oraciones. En la Iglesia nunca estamos solos; y la compañía de los hermanos en la fe se muestra especialmente en las situaciones delicadas.

Por la carta que os ha dirigido el Delegado Pontificio, S.E. Monseñor Velasio de Paolis, con fecha 19 de octubre de 2010, sabéis que he recibido el encargo de Visitador Apostólico para los miembros consagrados del Movimiento Regnum Christi. Agradezco sinceramente la confianza que el Santo Padre me manifiesta con la encomienda que me asigna; por mi parte, procuraré cumplir fielmente la tarea confiada.

En la misma carta se escribe que la “visita será actuada bajo la responsabilidad del Delegado Pontificio y en coordinación con su responsabilidad sobre toda la Legión de Cristo y el movimiento Regnum Christi”. Para recibir sus orientaciones he visitado en Roma el pasado día 16 al Delegado Pontificio. Estaré en contacto permanente con él.

El Visitador Apostólico “tiene la misión fundamental de encontrarse con personas, recoger informaciones para tener un cuadro de la situación real y ofrecer a la Autoridad competente sugerencias y propuestas” en orden a resolver las situaciones que deban ser cambiadas. Una vez concluida la Visita entregaré D. m. al Delegado Pontificio el informe redactado teniendo en cuenta lo que se me haya comunicado y yo pueda apreciar en conciencia. Os pido, desde este momento, que me ayudéis con vuestra comunicación a prestaros el servicio que se espera de la Visita Apostólica.

En una reunión, tenida en Valladolid el día 2 de noviembre, con las Asistentes del Director General y de los Directores Territoriales para las consagradas, hemos tratado ampliamente sobre la Visita Apostólica y hemos concretado algunas cuestiones. El día 5 de noviembre tuve en Madrid una reunión semejante con el Asistente del Director General para los consagrados. Deseo que la Visita termine antes del día 30 de junio de 2011 para poder yo entregar el informe dentro del plazo de tiempo disponible.

Visitaré D. m. vuestras casas, donde estaré a disposición de escuchar las comunicaciones y de recibir los escritos que queráis entregarme. También tendremos la oportunidad de entrevistarnos quienes deseen visitarme en el lugar que resulte más conveniente. Por mi parte, estoy a vuestra disposición. Todos podréis hablar personalmente o entregar vuestros escritos al Visitador Apostólico.

Os invito a vivir estos meses como tiempo providencial de Dios. Debe ser un tiempo caracterizado especialmente por la esperanza cristiana, que implica oración, reflexión, penitencia y conversión, paciencia, trabajo para leer de nuevo, personalmente o en comunidad, los documentos de la Iglesia sobre la Vida Consagrada. ¡Que sea una espera activa y serena!

El Hermano Rafael, trapense del monasterio de Venta de Baños (Palencia), canonizado hace poco, solía decir con sabiduría evangélica: “Nuestra ciencia consiste en saber esperar”. Sus palabras no nos invitan a un aguardar pasivo sino a una esperanza laboriosa. Las prisas no son buenas consejeras; dediquemos el tiempo razonable a cada tramo del camino.

Desde que tuve conocimiento del encargo de Visitador Apostólico os he recordado particularmente ante el Señor. Deposito el trabajo en el regazo de la Virgen María, Madre de Dios y nuestra Madre, Madre de misericordia y esperanza nuestra.

Os saludo cordialmente en el Señor.

Mons. Ricardo Blázquez
Arzobispo de Valladolid

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